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RESUMEN DE ORIENTACIÓN
El presente informe es el primer informe integral publicado por la iniciativa
“Hacer retroceder el paludismo” (RBM) sobre la situación de esta
enfermedad en el mundo y el avance de su control mediante la prevención y el
tratamiento efectivos en los distintos países. Este informe está basado en la
información más significativa que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el
Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) poseen a finales de 2004,
recabada en informes sistemáticos, encuestas domiciliarias y estudios especiales.
El paludismo es un problema mundial grave que afecta de forma inaceptable la
salud y el bienestar económico de las comunidades más pobres del mundo. Ahora
bien, en estos cuatro o cinco años se ha avanzado bastante en la introducción y
el desarrollo de programas de prevención y tratamiento para las personas más
afectadas por esta enfermedad devastadora.
En África aumentó la carga de paludismo durante los años 80 y 90 debido a una
resistencia a los antipalúdicos empleados habitualmente, la degradación de los
servicios de atención primaria de salud en muchas regiones y el desarrollo de
resistencia de los mosquitos a los insecticidas de control antivectorial. El paludismo
reapareció o se intensificó en el sureste de Asia durante la última década cuando
se interrumpieron las campañas de erradicación, y también reapareció en varios
países de Asia central y transcaucásicos.
En el 2000 la mayoría de los países apenas empiezan a implementar programas de
acceso a los instrumentos y las estrategias recomendados por la iniciativa RBM, y
las acciones de extensión del acceso al tratamiento y la prevención en muchos de
los países africanos más afectados por el paludismo es aún más reciente. Por tanto,
todavía no es posible determinar si la carga de paludismo ha aumentado o
disminuido en el mundo desde el 2000 con los datos y los métodos científicos
disponibles. Sólo después de varios años de aplicación de medidas de prevención
y tratamiento del paludismo con alta cobertura se podrá determinar su impacto en
las tasas mundiales de mortalidad.
Algunos países han avanzado en la lucha contra el paludismo y lo han evidenciado.
Los siguientes resúmenes por regiones demuestran la extensión de medidas de
control del paludismo en todo el mundo desde el 2000.
Avance de las distintas regiones en el acceso al tratamiento y la prevención
África
En el 2000 los países africanos asumieron el compromiso de proporcionar para finales
de 2005 un tratamiento efectivo y oportuno, y mosquiteros tratados con insecticida
(MTI) para un 60% de la población más expuesta al riesgo de paludismo, así como
tratamiento preventivo intermitente (TPI) para un 60% de las mujeres embarazadas.
En un principio la falta de recursos para adquirir productos limitó sustancialmente
la implementación de estas medidas. Los nuevos recursos disponibles han permitido
que algunos países alcancen o superen al menos algunos de estos objetivos.
La mayoría de los otros países ya está en condiciones de extender las medidas, pero
subsisten dificultades importantes.
En lo relativo al tratamiento efectivo y oportuno, las encuestas indican que la mitad
de los niños de África que padecen de fiebre reciben antipalúdicos, pero es
principalmente cloroquina y el parásito falciparum es muy resistente a este fármaco.
Probablemente la mayor disponibilidad de la terapia combinada con artemisinina
(TCA), un tratamiento nuevo y muy efectivo contra el paludismo falciparum, mejorará
los resultados del tratamiento en los próximos años. A finales de 2004, 25 países
africanos habían modificado su política farmacéutica para introducir las TCA, y
23 países habían adoptado y empezado a implementar la estrategia recomendada
por la iniciativa RBM para tratar en el hogar el paludismo de niños menores de
5 años (educación y formación de las madres, y suministro de paquetes de
medicamentos eficaces) a fin de tratar más pronto el paludismo de la población
más expuesta a un riesgo de enfermedad grave.
En cuanto al avance de la prevención, el número de MTI distribuidos se ha multiplicado
por 10 en los últimos tres años en más de 14 países de África. La distribución
de MTI subsidiados o gratuitos ha sido una medida eficaz para extender la cobertura
de las poblaciones más vulnerables. Muchas veces se integra en los servicios de
atención prenatal o de inmunización infantil, o en campañas nacionales de
inmunización infantil. Las encuestas realizadas entre 1999 y 2001 indican que sólo
un 3% de los niños menores de 5 años se protegen con MTI (entre un 0,1% y un
63% en 34 países). Sin embargo, los datos indican que la situación mejora
rápidamente. Los estudios realizados en 2002–2004 indican un aumento sustancial
en la cobertura de MTI para niños menores de 5 años en países como Eritrea (63%)
y Malawi (36%). En determinadas regiones de Senegal, la proporción de familias
que poseen MTI ha aumentado del 11% en 2000 al 41% en 2004. No hay todavía
evaluaciones extensas y actualizadas de la cobertura de MTI para la mayoría de los
demás países.
Es mucho más probable que las familias de la ciudad y relativamente acomodadas
utilicen los MTI, y no las familia pobres del campo más expuestas al riesgo de
paludismo. Algunos países de África han invertido esta ecuación. Ghana y Nigeria
han conseguido una extensa cobertura de todos los grupos de población
distribuyendo MTI fuertemente subsidiados a través de los servicios de salud pública,
y también Togo mediante una campaña nacional de distribución de MTI gratuitos
combinada con la vacunación de niños menores de 5 años contra el sarampión.
En la mayoría de los países de África hay muchas más familias que utilizan
mosquiteros sin insecticida y no MTI. Por tanto, la extensión de los servicios de
nuevo tratamiento de insecticida también será un factor importante para elevar la
cobertura de MTI.
Una combinación de los programas de salud reproductiva y de lucha contra el
paludismo ha resultado en una prevención más eficaz de la carga imperceptible
pero significativa de infecciones asintomáticas de mujeres embarazadas en zonas
de transmisión estable del paludismo. En 11 países de África se ha extendido la
distribución de MTI a mujeres embarazadas y se está implementando el tratamiento
preventivo intermitente (TPI) de esta población.
ASIA
El paludismo sigue siendo un problema significativo en la subregión del Mediterráneo
oriental, particularmente donde urgencias complejas y la correspondiente destrucción
de los sistemas de salud han agravado la situación de esta afección en los últimos
30 años. La inversión en la lucha contra el paludismo en esta región aumenta desde
1998–1999. Las principales estrategias de control son el acceso a un tratamiento
efectivo y oportuno, el rociamiento de acción residual en interiores, la preparación
a epidemias y la mejora de los sistemas de vigilancia. Así se ha conseguido detener
o invertir una tendencia al aumento del número de casos en muchos países. Por
ejemplo, la lucha antivectorial y una vigilancia más eficaz con la participación
activa de la comunidad han dividido por 10 el número de casos de paludismo en
una zona de alto riesgo de Yemen desde 2001.
El paludismo vivax ha reaparecido en países de Asia central y transcaucásicos, y el
paludismo falciparum en Tayikistán durante los 90. A primeros de 2002 se reforzó
la lucha antivectorial en esta región mediante la utilización de MTI y el rociamiento
de acción residual. Algunos países han mejorado considerablemente los métodos
de vigilancia y la preparación a epidemias. Por ejemplo, Kirguizistán ha reforzado
la vigilancia, ha recurrido al rociamiento de acción residual localizado y ha mejorado
el tratamiento de los casos en zonas palúdicas como reacción a una epidemia en
2002. Estas medidas han contenido el avance del paludismo, pero la incidencia de
2003 es 10 veces más alta que en 1990. Para evitar la agravación del problema del
paludismo hay que garantizar un compromiso firme y la financiación adecuada.
La farmacorresistencia del sureste Asia es la más alta del mundo, y la polifarmacorresistencia
es uno de los factores de reaparición del paludismo en muchas zonas,
especialmente en las fronteras entre países. Entre los adultos, los trabajadores
forestales o migratorios no inmunes corren un alto riesgo. Todos los países de la
región vienen evaluando sistemáticamente la resistencia al fármaco desde 1998.
Seis de los 9 países de esta región han adoptado las TCA como política nacional
para el tratamiento de primera línea del paludismo falciparum sin complicaciones,
pero aún hay que facilitar el acceso a las TCA en clínicas privadas, farmacias y tiendas,
y reducir la utilización de medicamentos falsificados o de calidad insuficiente. Otra
de las prioridades de la lucha contra el paludismo es mejorar la capacidad de
diagnóstico mediante un examen de microscopio en laboratorio o pruebas de
diagnóstico rápido, particularmente en zonas distantes de alto riesgo de paludismo.
Todos los países del sureste de Asia recurren al rociamiento de acción residual o la
aplicación de larvicidas para controlar los vectores del paludismo en las zonas más
afectadas, y han incluido la preparación a epidemias y la vigilancia entre las
estrategias de control nacionales. Las medidas de rociamiento de acción residual,
principalmente con insecticidas piretroides, y la reciente distribución de MTI en la
mayoría de los países han conseguido disminuir las tasas de casos señalados en
determinadas zonas. Son de señalar los logros de Indonesia y Sri Lanka. El rociamiento
de acción residual focalizado en zonas de alta transmisión, la aplicación de larvicidas
y la distribución de MTI en Sri Lanka han evitado las epidemias desde 1992 y han
reducido la incidencia del paludismo a los niveles más bajos observados desde 1967.
En una zona de alto riesgo del centro de Java (Indonesia) se ha conseguido detener
e invertir una epidemia importante de paludismo en 2001 mejorando los servicios
de diagnóstico y tratamiento, garantizando el acceso a las zonas rurales pobres y
distribuyendo MTI. Este proyecto también ha incitado a reestablecer los sistemas
de supervisión y vigilancia del paludismo.
En la subregión del Pacífico occidental se reactivó el control del paludismo a mediados
de los 90 como reacción a una reaparición de la enfermedad asociada a los
problemas económicos, los desplazamientos masivos de población y la degradación
de los servicios de control de la enfermedad y atención de salud. Las principales
estrategias son el control antivectorial mediante MTI y el rociamiento de acción
residual, la preparación a epidemias y un tratamiento efectivo y oportuno. Las tasas
de casos señalados han disminuido gradualmente entre 1992 y 2003. El número de
defunciones por paludismo ha disminuido rápidamente en Viet Nam desde la
introducción y la utilización efectiva de las TCA para el tratamiento de primera línea.
En una zona de alto riesgo de Malasia, la distribución de MTI y los servicios más
eficaces de diagnóstico y tratamiento prestados por voluntarios de atención primaria
han conseguido reducir fuertemente la incidencia de paludismo, que en 2003 es 28
veces inferior a los valores de 1995.
LAS AMÉRICAS
Hay transmisión de paludismo en 9 países de la región que comparten la selva
amazónica, y en 8 países de América Central y el Caribe. Los desplazamientos de
población asociados a la explotación de minas de oro y bosques han provocado
epidemias aisladas. Todos los países afectados recurren al rociamiento de acción
residual y/o la aplicación de larvicidas en zonas de riesgo focalizadas. Las estrategias
de control de 9 países incluyen la distribución de MTI. Teniendo en cuenta la
resistencia demostrada a la cloroquina, 8 de los 9 países amazónicos han modificado
recientemente sus políticas farmacéuticas para tratar el paludismo falciparum con
TCA. La cloroquina sigue siendo eficaz para el tratamiento y la profilaxis contra el
paludismo falciparum en Centroamérica y norte del canal de Panamá, la República
Dominicana y Haití, y para el tratamiento del paludismo vivax en la mayor parte
de la región. Un programa de “tratamiento focalizado”, que consiste en un
tratamiento más eficaz y rociamiento de acción residual en determinadas zonas ha
logrado interrumpir la transmisión del paludismo en la mayor parte de México, y
los costos se han controlado utilizando racionalmente los insecticidas.
Respuesta a una mayor demanda y apoyo continuado para el control del paludismo
Se estima que el plan mínimo de intervenciones necesario para controlar
efectivamente el paludismo cuesta aproximadamente 2.300 millones USD anualmente
para los 70 países que tienen la mayor carga de paludismo. Serán necesarios además
700 millones USD para apoyar a los países con menor carga de paludismo. Habría
que invertir anualmente 3.000 millones USD (2.000 millones USD para África y
1.000 millones USD para otras regiones), pero los fondos disponibles son muy
inferiores. Hay mayor apoyo financiero y mayor compromiso en la lucha contra el
paludismo desde el lanzamiento de la iniciativa RBM, pero ha sido principalmente
durante los dos últimos años y los recursos todavía son muy insuficientes,
especialmente en los países que tienen la mayor carga de morbilidad.
Los datos disponibles indican que la Administración nacional es actualmente la
principal fuente de financiación de los programas de control en los países que padecen
el paludismo. Su participación representa un 71% del total en África, un 80% en Asia
y un 96% en las Américas durante el período 2002–2003. La contribución de la
Administración nacional ha sido importante, pero la carga de paludismo suele ser
más alta en los países más pobres y la inversión nacional no compensa la diferencia
entre las necesidades y la disponibilidad. Por tanto, en el futuro cercano será necesaria
una asistencia más importante y continuada de donantes.
El Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria es una fuente
de financiación internacional importante desde 2003. En 2003–2004 el Fondo Mundial
aportó más de 200 millones USD a 28 países de África, 15 de Asia y 4 de las
Américas. Los compromisos aprobados para la lucha contra el paludismo en 2005–2006
suman 881 millones USD.
Las TCA, que son el tratamiento más efectivo disponible contra el paludismo
falciparum, cuestan 10 a 20 veces más que la anterior terapia principal de
cloroquina. La demanda de TCA ha aumentado rápidamente desde que existe una
financiación del Fondo Mundial, a tal punto que en 2004 no había un suministro
suficiente de artemetero + lumefantrina (Coartem®), la primera forma de TCA
preabrobada por la OMS. El aumento de producción de artemisinina (materia prima
necesaria para producir las TCA) es una de las prioridades de la iniciativa RBM. Para
que la industria farmacéutica aumente la producción de TCA es preciso mejorar las
previsiones de fármacos necesarios y garantizar la participación financiera de los
países. En lo relativo a la prevención, se estima que las aportaciones del Fondo
Mundial aprobadas en 2003–2004 permitirán proporcionar como mínimo 108 millones
de MTI a los países.
Recopilación de información y presentación de informes
Las fuentes de información fiables para el seguimiento mundial de las acciones
RBM son los informes de los programas nacionales de paludismo, las encuestas
domiciliarias, el seguimiento de eficacia del fármaco en lugares “centinela” y los
sistemas de información de salud.
Los programas nacionales de lucha contra el paludismo presentan periódicamente
las estrategias y políticas locales de control del paludismo, la financiación del
programa y la prestación de los servicios. No se ha normalizado totalmente la
presentación de indicadores programáticos para distintas regiones y distintas
estrategias de control, pero esta información es útil para entender por qué varían
los resultados de los programas.
Las encuestas domiciliarias (de comunidad) son la fuente de información más
pertinente sobre la cobertura de MTI y el acceso al tratamiento del paludismo. Las
nacionales Encuestas de Múltiples Indicadores por Conglomerados financiadas por
UNICEF y las Encuestas Demográficas y de Salud realizadas por Macro/Measure con
el apoyo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional a
intervalos de cinco años en muchos países permiten conocer la mayoría de los
datos. En 2004 el programa RBM creó una Encuesta Particular con Indicador de
Paludismo que permite seguir las tendencias de aumento de cobertura de prevención
y tratamiento del paludismo. Esta encuesta con indicador de paludismo podrá
utilizarse como encuesta domiciliaria si no hay otras opciones, o como complemento
en el intervalo entre dos Encuestas Demográficas y de Salud o dos Encuestas de
Múltiples Indicadores por Conglomerados. Este tipo de encuestas será muy útil para
preparar futuros informes sobre el paludismo en el mundo. La próxima campaña de
Encuestas de Múltiples Indicadores por Conglomerados, que se realizará en 30 países
de África endémicos para el paludismo en 2005–2006, será probablemente una
fuente de información fiable adicional sobre la extensión de la cobertura.
La definición de sistemas de vigilancia, lugares “centinela” y protocolos de estudio
normalizados en la mayoría de las regiones ha mejorado sustancialmente el
seguimiento de la eficacia de los medicamentos en los últimos años. Estas iniciativas
contribuyen a actualizar periódicamente las políticas farmacéuticas nacionales y
es conveniente extenderlas y financiarlas.
En el caso de las regiones sureste de Asia y Américas, se considera en general que
los datos de los sistemas nacionales de salud proporcionan una indicación útil de
las tendencias de casos y defunciones por paludismo. Sería conveniente evaluar de
forma sistemática los datos de los sistemas nacionales de salud en todos los países,
utilizando métodos normalizados, para determinar en qué medida son exhaustivos
y mejorar su interpretación. En la mayoría de los países de África los centros de
salud sólo atienden a una minoría de los pacientes que padecen paludismo. Por
tanto, la imagen de los sistemas de información de salud no es fiable ni, mucho
menos, completa. Habrá que invertir decididamente en los sistemas de salud antes
de poder siquiera evaluar la utilidad de los sistemas de información de salud para
el seguimiento de las tendencias de la enfermedad, y es indispensable tener datos
de población. Los datos de encuestas de mortalidad infantil por diversas causas y
de prevalencia de anemia infantil y parasitemia por paludismo pueden ser indicadores
útiles de la carga de morbilidad.
Conclusión
El objetivo de la iniciativa RBM es reducir a la mitad la carga de paludismo en los
países endémicos para 2010. Este informe pone de manifiesto un avance evidente
en las intervenciones antipalúdicas en muchos países. Varios países de África
conseguirán al menos algunos de los objetivos establecidos por los Jefes de Estado
africanos en Abuja en 2000. Sin embargo, también es evidente que queda mucho
por hacer.
Es fundamental consolidar los sistemas de atención de salud nacionales, así como
los sistemas de seguimiento y evaluación. Aún no es posible evaluar el impacto de
la reciente extensión de la prevención y el tratamiento del paludismo, pero es
previsible una disminución cuantificable de la morbilidad y la mortalidad en la
segunda mitad de esta década.
La carga de paludismo en el mundo
A finales de 2004 había zonas de riesgo de transmisión del paludismo en
107 países y territorios, y unos 3.200 millones de personas vivían en zonas
de riesgo de transmisión del paludismo.
Se estima que hay entre 350 y 500 millones de episodios de paludismo
clínico anualmente, la mayoría causados por infección por P. falciparum
y P. vivax. El paludismo falciparum es la causa de más de un millón de
defunciones anualmente y contribuye indirectamente a muchas otras
defunciones, principalmente de niños pequeños, por sinergia con otras
infecciones y afecciones.
Las características de transmisión y enfermedad por paludismo son muy
variables entre regiones, incluso en un mismo país. Es el resultado de
variaciones entre los parásitos del paludismo y los mosquitos vectores,
las condiciones ecológicas que afectan la transmisión del paludismo y
factores socioeconómicos como la pobreza y el acceso a servicios eficaces
de atención de salud y prevención.
En África subsahariana se registran un 60% de todos los casos de
paludismo del mundo, un 75% de los casos de falciparum y más del 80%
de las defunciones por paludismo. P. falciparum provoca la gran mayoría
de las infecciones en esta región y alrededor del 18% de defunciones de
niños menores de 5 años. El paludismo también es una causa importante
de anemia infantil y de mujeres embarazadas, bajo peso al nacer, partos
prematuros y mortalidad infantil. En los países endémicos de África,
el paludismo representa un 25–35% de las consultas ambulatorias, un
20–45% de los ingresos en hospitales y un 15–35% de las defunciones
en hospitales, lo que supone una carga muy importante para sistemas
de atención de salud que ya son frágiles.
Cada vez está más claro que hay que incluir a los adultos infectados por
el VIH en los planes de prevención y tratamiento del paludismo, además
de los niños menores de 5 años y las mujeres embarazadas. La sinergia
del paludismo y el VIH/SIDA contribuye a la morbilidad y la mortalidad
en las zonas de alta prevalencia de estas dos infecciones, como es el caso
del África subsahariana. La prevención y el tratamiento del paludismo
aporta beneficios de salud inmediatos y puede limitar los aumentos
transitorios de la carga viral de VIH durante los episodios de paludismo,
con lo que contribuye a limitar el avance y la transmisión del VIH.
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